The War of Five Circles

Azulvista

Introducción

En la playa las olas del Mar de los Sueños rompen contra la estatua de Dorina. La primera mujer que llegó a la costa en compañía de sus nueve hijos. Para cuando los primeros trazos de la mañana anuncian la salida del sol, los campesinos ya recorren los caminos hacia los campos de palmas y a los frutales. Los pescadores terminan de lanzar sus redes y esperan pacientes la ganancia del día. En el cielo, las espesas nubes que vienen del otro lado del mar se acercan lentamente al pico del Kurmaraja.

Para cuando el sol cae sobre la cara de aquellos a quienes la noche anterior dejó náufragos en alguna de las casas de vino, Azulvista ya se ha convertido en un desfile de formas y colores que recorren sus calles. Mujeres vestidas con floridas telas sobre sus cuerpos de piel bronceada cargan canastos y jarrones sobre sus cabezas con pericia ancestral. Algunas encabezan grupos de niños pequeños a los que guían hasta los altares-escuela, donde las monjas de Perlostra esperan junto a enormes ábacos de coral. Los voluntarios que componen la guardia del día comienzan a merodear montados sobre los pequeños caballos estriados. Llevan al cinto una bastón pintado de rojo como señal de su autoridad.

En la puerta norte, desde el camino que conduce hacia Solrisco un forastero muestra el pasaporte que lo acredita como embajador de Whitewall.

Al mismo tiempo Abita termina de barrer la entrada de la casa de té cuando Nisha abre las cortinas de la puerta para anunciarles a todos un nuevo día de servicio.

Mientras tanto en las haciendas del muelle, Chev ha subido al faro desde donde mira al horizonte y espera la llegada del barco sin velas que llega cada año.

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6onz

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