The War of Five Circles

La Casa de Té

Prólogo II

La lluvia comenzaba a ceder y el trote chasqueante de pisadas de caballos sobre el fango se escuchaba cada vez mejor. Cinco jinetes se acercaban a la casa de té de Azulvista. Todos cubiertos con capas de paja para protegerse de la lluvia.

xxx

Las cortinas de la entrada se abrieron bruscamente para dejar entrar a un hombre empapado envuelto en una capa sucia y desgarrada.

Nisha sabía discernir el pasado de cualquier visitante por el “color del aroma” que arrastraba consigo al entrar. Liz y dorado, ministro menor de Solrisco; magnolia y durazno, monja novicia de Perlostra; opiáceos y marrón, príncipe del Gremio con demasiado dinero.

El extraño personaje traía consigo la brillante y translúcida fragancia del Mar de los Sueños. Había además algo más en su aroma, algo familiar pero a la vez completamente nuevo. Nisha titubeó un instante tratando de descifrar al forastero mientras se pegaba una charola de latón con ambas manos sobre el vientre.

xxx

El líder de los jinetes arrancó las cortinas de la entrada de la casa de té y caminó con su hombres al interior. Una mesera se acercó a recibirlos, pero antes de que pudiera recitar el saludo de cortesía, el líder de los jinetes la derribó de una bofetada.

“Buscamos al monje desertor.”

xxx

Nisha apareció cargando una tetera caliente sobre su charola de latón. Miró a su compañera en el piso y se acercó a los hombres. Sus armaduras sucias, el aroma fétido de campamento, así como su acento los delataron como soldados de la Legión Bermellón. Aquel que había hablado dio un paso hacia Nisha y extendió su mano para tomarla del cuello. En el instante exacto en el que él esperaba que sus dedos hicieran contacto con la piel de la joven, Nisha tropezó. Su cuerpo se balanceó cayendo, y la mano del soldado la esquivó por completo. Los pies de Nisha se habían enredado con la alfombra de la entrada. La punta del derecho intentaba dar un paso, mientras que el otro se resbalaba arrastraba el resto de la alfombra consigo. El tirón de la alfombra desbalanceó al soldado durante su avance, y el peso de su cuerpo hizo el trabajo de arrastrarlo hacia el suelo. Manoteando durante su caída el soldado golpeó la charola de Nisha y esta y la tetera salieron volando. La escena era cómica, pero sobre todo tenía el aspecto de un accidente bastante natural.

Rápidamente Nisha recogió ambos pies de un salto y cayó graciosamente en cuclillas junto al soldado que yacía en el piso. Cuando el soldado volteó hacia arriba vio cómo Nisha atrapaba la tetera exactamente sobre su cabeza. Sólo un pequeño chorro de te hirviendo alcanzó a caerle junto a los ojos (si Nisha lo hubiera querido, hubiera sido la tetera completa por supuesto). Humillado y conteniéndose las lágrimas por la pequeña, pero suficientemente dolorosa, quemadura, el soldado estaba completamente confundido.

Nisha puso la tetera y la charola de inmediato sobre la mesa más cercana y se apuró a ayudar al soldado. Con un pañuelo en la mano y una sonrisa lo desarmó por completo de su altanería inicial.

“Adelante nobles guerreros, son libres de buscar a quien sea en nuestra casa de té.”

El resto de los soldados turnaba su mirada entre el rostro sonriente de Nisha y el de su comandante levantándose del suelo. Una vez de pie, el comandante reafirmó la sugerencia de la chica con su orden ¿O había sido al revés?

“Háganlo.”- dijo él.

Los soldados revisaron por todas partes, pero no encontraron lo que buscaban. La actitud de los comensales y de las meseras se mantuvo segura todo el tiempo. Al final se retiraron casi como si los hubieran reprimido por su mala actitud. De regreso a su campamento de seguro comenzarían los rumores del ridículo que habían pasado aquella tarde.

xxx

Ya en la noche, Nisha subió a la azotea de la casa de té. Llevó consigo vendas, agua caliente y panecillos de frijol. El extraño lavó sus heridas y comió a placer.

“Gracias. Seguramente quieres saber por qué me buscaban esos hombres.”
“En realidad no.”
“¿No?”
“Eran de la Legión Bermellón. Seguramente tenían malas razones para hacerlo.”
“Estoy en deuda contigo. Si los soldados regresan, o si necesitas mi ayuda. Búscame en el Kurmaraja.”
“¿Eres de la Orden Inmaculada?”
“No.”
“¿No?”
“De una orden mucho peor…”

Comments

6onz

I'm sorry, but we no longer support this web browser. Please upgrade your browser or install Chrome or Firefox to enjoy the full functionality of this site.